2. Nido de víboras
El sol se filtraba apenas por las cortinas cuando Alessia abrió los ojos. Había dormido poco; la cabeza le daba vueltas con todo lo que vendría. En solo una semana, dejaría la mansión Accardi para mudarse con Vladimir Volkov. No sabía si llamarlo matrimonio o una alianza. O tal vez una guerra en preparación.
El cuarto estaba lleno de cajas abiertas y vestidos extendidos sobre la cama. Jenna, su asistente personal, la ayudaba a doblar la ropa mientras Alessia separaba las joyas y documentos importantes.
—No parece que te emocione mucho —comentó Jenna, observándola de reojo.
—No estoy segura de qué siento —respondió Alessia, guardando un vestido de gala en el maletín—. Tal vez miedo.
—¿Del señor Volkov? —preguntó con cautela.
Alessia levantó la vista. Pensó en su mirada, en su voz grave, en la forma en que la había desarmado con una sola frase aquella noche.
—De lo que representa —susurró.
El teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Vladimir: «Te pasaré a buscar a las once. Tenem