Amelia.
Solo salí del ascensor, porque Máximo se levantó de golpe y corrió hacia mí.
—¡Mamá! —me agaché de inmediato sintiendo que la vida me volvía al alma y no pude evitar que las lágrimas se me salieran solas.
Abracé el cuerpo de Maxi con apremio, me dejé caer en el suelo, mientras lo acunaba.
—Dios… mi niño… estás… estás aquí…
—Nuestro amigo espía, me ha rescatado… estoy bien mamá… —y lo despegué de golpe para mirarlo a los ojos.
—¿Te rescató? —Máximo se quedó callado y miró a Ares como si