Ares Miller.
—Amelia… —Rausing quitó a sus hombres de nuestro alcance, mientras yo sostenía su rostro adormecido.
No fueron sino unos segundos en que vi sus lágrimas regadas en su rostro, y no pude evitar acariciarlo, pero luego de que alcé la vista, pude notar que Rausing me observaba detenidamente.
Como si se estuviese conteniendo.
—Dámela… ¡Traigan un auto! —Rausing intentó tomar a Amelia, pero me levanté apretando su cuerpo contra mí, y le dije de forma apresurada:
—Debemos llevarla al