Amelia.
—¡Edric! —mi cuerpo fue abalanzado a la zona del estacionamiento de autos de la mansión, y mis rodillas recibieron el primer golpe.
Y entonces, venían muchos hombres de seguridad, con cuatro hombres esposados, y además de eso, estaba Jonas con el rostro golpeado.
Mis ojos se escandalizaron al ver a Jonas, y aunque intentaron revisar sus bolsillos, no sacaron nada de ellos.
—¿Para quién trabajan? —Y Jonas negó.
—Somos un equipo de seguridad… solo eso… —mis labios temblaron con fuerza, cu