—¡Pero… Butcher! —exclamó Alessandro, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
La expresión de Roman se volvió venenosa.
—¿Por qué actúas tan sorprendido? No es como si fuéramos cercanos. Solo os tolero porque mi padre me lo ordenó. No tenéis ni idea de lo mucho que os odio… a ti y a Virus. Os desprecio a los dos. El hecho de tener que llamaros «subjefe» y «señor» todo el tiempo me pone la piel de gallina —dijo con rabia.
Los ojos de Alessandro se entrecerraron. Su mente iba a mil por h