Alessandro observaba a sus dos hermanos con impotencia. Sus cuerpos débiles y frágiles contrastaban de forma dolorosa con su habitual fortaleza. Deseaba desesperadamente cuidarlos, pero las cadenas en sus manos y pies lo mantenían inmóvil.
En ese momento entraron el Overlord Rosario, el señor Rodríguez y Roman. Los ojos del Padrino Marco se entrecerraron al contemplar a Alessandro.
—No me alegra verte así. Había planeado revelarme dentro de un mes… o quizás de un año, cuando por fin me hubieras