A la mañana siguiente, los miembros aún dormían cuando la puerta se abrió de golpe y los arrastraron fuera del lugar.
—¿Qué está pasando? ¿Adónde nos lleváis? —preguntó Rico, pero, como siempre, lo ignoraron.
Los llevaron al exterior y los obligaron a arrodillarse frente a todo el clan. Rosario se levantó de su asiento. Una sonrisa astuta se extendió por su rostro.
—Hoy vais a ser asesinados delante de todos mis miembros —anunció, con la voz goteando malicia—. Esto es para enviar un mensaje: no