Enrosqué mis dedos en su cinturón y sostuve su mirada mientras abría la hebilla. El tintineo fue el sonido de mi última muralla derrumbándose. Agarrando la cremallera, la bajé lentamente, aterrorizada y excitada. Entonces hice una pausa.
Asher se inclinó, rozando mi oído con su boca.
—Estás jugando con fuego.
Reprimiendo mis nervios, giré el rostro, acercando mis propios labios a su oreja. Besé su lóbulo y luego pasé la lengua por el borde. Él exhaló y se retiró para poder mirarme a la cara;