En el momento en que me vio, sus ojos se iluminaron con preocupación.
—Ariella, ¿cómo te sientes? —preguntó rápidamente, corriendo hacia mí y envolviéndome en un abrazo.
Me quedé helada. Eso era nuevo. La miré, confundida y con el corazón roto en silencio.
—Estoy bien —respondí en voz baja—. ¿Por qué no habría de estarlo?
—Por lo de Asher —dijo ella suavemente.
Mi corazón empezó a latir más rápido, pero forcé una máscara de confusión en mi rostro. Mi madre no me conocía de esa manera, no sa