—¡No, no tiene razón! —espeté, y de inmediato me di cuenta de mi error al ver la mirada en los ojos de mi padre. —Lo siento, papá. Pero Asher no me haría eso... él me ama.
Mi padre me miró. Sus ojos estaban llenos de lástima y compasión. Ignoró mi arrebato y dijo:
—Ya que Asher no vendrá a buscarte hoy, prepárate. Voy tarde. Tengo que ir a trabajar y te dejaré en el camino.
—Está bien —dije, a punto de irme, pero entonces él me tomó de la mano y añadió:
—Por lo que sé, Asher está en casa. Es