Ariella
La habitación aún estaba a oscuras, con apenas el leve guiño del amanecer rozando las cortinas, y por un segundo me sentí demasiado perdida en la sensación de tenerlo cerca como para pensar con claridad.
Para cuando él finalmente se retiró, yo estaba respirando con dificultad, completamente sonrojada, con el pecho subiendo y bajando rápidamente.
Intenté atraerlo hacia mí de inmediato, pero me detuvo con una pequeña sonrisa.
—Esta mañana es para ti —dijo suavemente.
Lo miré sin alien