Ariella
Leon había sido una distracción muy bienvenida, cariñosa y cálida frente a todas las emociones y el dolor con el que estaba luchando por dentro.
Me había ocupado la mente cuando lo ayudé a acostarse, cuando le leí un cuento y cuando se durmió y me quedé allí sentada en su cama, mirándolo dormir, viéndolo inhalar y exhalar aire, el subir y bajar de su pecho mientras le acariciaba el cabello con lentitud y ternura.
Pero cuando Asher apareció en la puerta y se quedó allí parado, supe que