Ariella
Me besó de nuevo, más despacio esta vez, demorándose apenas un latido más.
—¡Mami! ¡Papi! —la voz de Leon resonó desde el comedor—. ¡Ustedes dos parecen la abuela y el abuelo en lugar de mami y papi! ¡Son muy lentos! —gritó, asomando la cabeza por la esquina mientras nos miraba con aire acusador.
Ambos estallamos en carcajadas.
—Dios, de verdad adoro a ese niño —habló Asher, apretando mi mano mientras caminábamos hacia el comedor, con la voz impregnada de calidez.
Leon ya nos estaba