Ariella
Asher enganchó sus dedos en la pretina de mis bragas de encaje y las tiró hacia abajo con mi ayuda. Se deslizaron por mis caderas y bajaron por mis piernas con una lentitud agonizante, dejándome expuesta ante él.
Asher se detuvo, contemplándome extasiado. Sentí un rubor subir por mi pecho mientras él delineaba la silueta de mi cuerpo, con la mirada fija en el pequeño espacio entre mis muslos. Asher tragó saliva con dificultad antes de levantar la cabeza hacia mi rostro mientras acarici