Ese día fue malo.
No tuve ganas de bajar. El peso de todo lo que había pasado, Luca, Asher, Alan, mi culpa, mi silencio, se asentó con demasiada pesadez sobre mis hombros. Y supuse que Maria supo que yo quise estar sola, porque Leon no subió a molestarme. Ni una sola vez.
Me quedé allí, acurrucada en la habitación, hasta que llegó la hora de la cena. Y supe que tuve que bajar. No por mí. Por mi hijo. No quise que notara que algo andaba mal. No quise que percibiera que algo había cambiado. Porq