—No lo sé, campeón —dijo Luca, con voz suave pero firme—. Solo vine a verte y a llevarte a ti, a tu mami y a la tía María a un pequeño viaje por carretera, pero no puedo quedarme. Tengo trabajo.
Leon de inmediato hizo un puchero, y sus pequeños labios temblaron.
—¿Pero por qué?
—Cuando crezcas, cuando seas un niño grande como yo, un hombre, lo entenderás. Vas a cuidar de tu mamá, y para cuidar de ella, vas a tener que trabajar. Vas a tener que trabajar duro. ¿De acuerdo, mi pequeño amigo?