—¿Quieres ir a elegir tu habitación arriba, amiguito? —le preguntó Luca a Leon.
Los ojos de Leon se abrieron de par en par.
—¿Puedo elegir mi propia habitación?
Luca sonrió con suficiencia.
—Sí. Incluso puedes elegir tu ala. ¿Quieres el ala oeste o el ala derecha?
Leon jadeó, girándose hacia la gran escalera.
—¡Voy a ver todas las habitaciones! —salió disparado escaleras arriba, con su risa haciendo eco en la casa.
—¡Leon, espera! ¡Ten cuidado! —le grité. Se me encogió el corazón de so