Ella no se iría así como así sin decir nada. ¿O sí?
Me senté de nuevo, ahora inquieta. Mis dedos jugaban con una servilleta sobre la mesa. Pasaron unos minutos, tal vez más, antes de que Alan regresara.
Su rostro era indescifrable.
—Oye —dije rápidamente, poniéndome de pie—. ¿Qué te dijeron? ¿Están bien?
—Están bien —contestó él, restándole importancia con un asentimiento—. David solo me dijo que se marcharon.
—¿Se marcharon? —parpadeé—. No, Dana no… ella no se iría así como así. No sin dec