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El cielo nocturno se desgarró como seda negra cortada por una navaja. Donde antes solo brillaba mi luna plateada, familiar y consoladora, ahora se alzaba una segunda presencia que me heló la sangre. Una luna roja, inmensa y pulsante, dominaba el horizonte oriental como una herida abierta en el firmamento.

Esto no es natural, pensé mientras mis ojos humanos luchaban por procesar lo que veía. La luna roja no solo era más grande que mi luna plateada; irr

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