—Debiste contarme todo —reprocha mi madre, cuando nos quedamos solas.
—Tenías que apoyarme a mí, no a él, aunque no supieras exactamente lo que pasó —replico.
—Sabes que siempre fue muy bueno conmigo, y pensé que te amaba de verdad, me lo juró por sus hijos y llorando desconsoladamente…
—Ya no importa —La interrumpo.
—Estoy muy confundida, no sé qué pensar —expresa mi madre con pesar.
—Por primera vez en tu vida, deja de pensar en los demás y no me juzgues por buscar mi felicidad, tú hij