72. Perdido
Fabio abrió los ojos con un esfuerzo descomunal, aunque la claridad de la habitación le exigió que los cerrara nuevamente. Con las manos, palpó lo que le rodeaba y extendió el brazo hacia su gaveta para buscar algún analgésico.
Aún no se ubicaba del todo estando en un hotel y continuaba esperando que pronto saliera la autorización de volver a su departamento, pero como todo trámite burocrático tomaba su tiempo, no le quedaba más opción.
Sintió la boca amarga y un olor nauseabundo llegó de pront