—¿Te gustaría entrar a descansar un poco? —preguntó Keith, con una amabilidad impecable, dirigiéndose a Caroline.
Ella lo miró con una ceja ligeramente alzada, como si no esperara que él fuera tan cortés. Luego sonrió, encantada.
—Claro. Este viaje fue eterno. Y necesito un espejo con urgencia —dijo, riendo con ligereza.
Keith extendió un brazo, indicándole el camino hacia el interior de la casa. Caroline aceptó el gesto con naturalidad, caminando a su lado como si ya conociera cada rincó