—Mi amor, ¿por qué no vienes conmigo? —sugirió Duncan, tomando la mano de Elara con la suavidad, guiándola lejos del vestibulo frio—. La vieja biblioteca de papá, es el único lugar en toda esta casa donde me siento realmente a salvo de la... irritante presencia de Keith. Ahí puedo pensar.
—¿La biblioteca? —preguntó Elara, sintiendo una punzada de desilusión que intentó ocultar. Le había prometido un tiempo de calidad con él, lejos de las tensiones del trabajo—. Duncan, ¿qué has estado haciendo