—Sé que puedes cuidarte sola —le susurra a centímetros de su boca, clavando sus pupilas en las de ella.
—Entonces deberías dejar de protestar y pensar en cómo trabajar juntos esta noche —susurra de vuelta.
—No pienso en otra cosa desde que entraste —murmura con voz ronca bajando su mirada a la boca carmesí que lleva puesta.
—Gaby —jadea cuando la aprieta más a su cuerpo. Él cierra los ojos absorbiendo su nombre saliendo de su boca.
—Dilo de nuevo —le pide casi en un ruego.
—¿Qué cosa?
—Mi nombr