Asher
Me desperté con el agudo pinchazo de la realidad, una sacudida que me recorrió el cuerpo mientras el mundo volvía a enfocarse ante mis ojos. Lo primero que noté fue la humedad contra mi piel, el frío metal de la silla clavándose en mi espalda. Tenía las muñecas atadas con fuerza a los brazos de la silla, mi cuerpo inmovilizado de una forma que me resultaba demasiado familiar. Pero lo peor era el silencio. Un silencio pesado y opresivo flotaba en el aire, denso y asfixiante.
No estaba sol