Willow
Despertar de la neblina provocada por los medicamentos siempre era lo peor. Mi mente tardaba un momento en volver a conectar con mi cuerpo. El martilleo en mi cabeza era implacable y sentía las extremidades como de plomo. Pero esta vez había algo diferente. No me desperté con el silencio asfixiante ni con el tenue parpadeo de la luz del techo.
En cambio, oí voces. Voces familiares, aterrorizadas.
«¿Daniel? ¿Ella?». Mi voz se quebró, apenas por encima de un susurro, mientras mi coraz