Willow
El trayecto fue corto, pero cada segundo se alargaba dolorosamente, cada sombra y cada bache en la carretera hacían que mi pulso se acelerara. El inquietante envío que había llegado a mi oficina días atrás, un paquete con carne muerta y podrida, aún permanecía en mi mente. Había alguien ahí fuera, alguien peligroso, y quería sacudirme hasta lo más profundo. Como si no estuviera ya mirando por encima del hombro a cada paso que daba. Intenté concentrarme en llegar a la casa de la madre de