Por su parte, Mariana se levantaba temprano cada día, se vestía con su ropa conservadora y desayunaba antes de pasar largas horas junto a Siria y Anfu. Estudiaba con ellos, observaba sus entrenamientos y, aunque estaba concentrada, no podía evitar notar cómo Gusto la extrañaba. Por la noche, llegaba tan cansada que ni siquiera reparaba en dónde dormía él.
Gusto la esperaba, frustrado y agotado de no poder dormir a su lado. La vio cruzar palabras con él solo a duras penas durante el día, y finalmente, no pudo contenerse.
—¿A dónde vas? — Preguntó, su voz cargada de preocupación.
—A estudiar — Respondió Mariana, firme y segura— ¿Qué otra cosa podría hacer? —
Gusto parpadeó, sorprendido. Nunca antes la había escuchado hablarle de esa manera —Me parece que pasas demasiado tiempo con Siria, y no me agrada su tono — Dijo, intentando mantener la calma.
Mariana lo miró con un dejo de desafío y sinceridad —Bueno, a mí no me agrada verte en brazos de otra mujer, así que estamos parejos, amor — M