—Amor, buenos días — La voz de Justo irrumpió detrás de ella.
Ella no reaccionó. Seguía la danza de las aves, ajena al saludo —Amor, dije buenos días— Repitió él, esta vez con un tono más firme.
Ninf respondió sin apartar la vista del ventanal —Buenos días —
Su voz sonó apagada, distante, como si aún no hubiera despertado por completo.
—¿Pasa algo? — Preguntó Justo, acercándose un poco más, intentando leer en su rostro alguna señal.
—No. Iré a entrenar. Nos vemos — Dijo ella con frialdad, levant