Gusto rió suavemente, disfrutando de su rubor —Estabas tan concentrada que ni siquiera notaste cuando entré — Murmuró contra su oído— Y además, eres mi esposa. ¿Dónde más puedo demostrarlo si no es contigo? —
Antes de que pudiera replicar, la besó con la ternura posesiva de quien se siente afortunado. Mariana suspiró y terminó por corresponderle, apoyando las manos en su pecho.
—Te amo — Alcanzó a decir entre risas bajas.
Un leve sonido de pasos los hizo separarse. Un joven soldado del clan, ve