Aria respiró hondo antes de limpiarle el sudor de las sienes a Jayden. Acto seguido, le colocó el paño húmedo en la frente a su esposo. Ya se disponía a levantarse para irse, pero la mano de Jayden la retuvo, agarrándola con fuerza.
—¿Qué pasa? —preguntó Aria.
—Quiero dormir en mi cuarto —le suplicó Jayden con los ojos entreabiertos por el cansancio.
—Espérate a que lleguen las empleadas. Yo sola no puedo cargarte hasta allá —respondió Aria, haciéndolo rezongar—. Hubieras entrado directo a tu h