Aria cerró los ojos por un momento tras cerrar la puerta de la habitación. Respiró hondo mientras se llevaba una mano al pecho. Solo cuando sintió que su pulso se calmaba, volvió a abrirlos.
—No me equivoqué, ¿verdad? —le preguntó al aire. No sabía por qué, de repente, la asaltaba la duda. Quizás era porque, hasta ahora, Aria nunca había sido de las que usan palabras hirientes para lastimar a los demás.
Pero con Elena, sentía que debía hacer una excepción.
Si alguien hubiera escuchado lo qu