STELLA HARPER
Tres días pasaron desde que firmé aquel contrato con las manos temblorosas y el corazón destrozado. Tres días desde que me desnudé frente a él y, en un último aliento de dignidad, pregunté cuánto costaba por cada vez que lo hiciéramos. Tres días tratando de mantener la cordura en medio de mi rutina profesional que continuaba con la misma formalidad hipócrita de siempre, excepto que ahora había una cuerda invisible jalándome en su dirección, y otra forzándome a resistir.
Damian Wi