DAMIAN WINTER
Ella estaba de pie frente a mí. Sin camiseta. Sin pantalón. Solo con sostén y ropa interior. Los ojos rojos de tanto llorar. El pecho jadeando. La voz llegó a mis oídos, desgarrada por la rebeldía:
—¿Cuánto cuesta por vez?
Me estaba desafiando.
No desvié la mirada. No suspiré. No demostré shock. Mi rostro permaneció inexpresivo mientras por dentro una mínima, casi imperceptible, punzada de incomodidad se agitaba en mi estómago. Pero solo eso.
Quiso golpearme con la pregunta. P