ELIZABETH WINTER
UN AÑO DESPUÉS...
Estábamos en la cabina de primera clase del jet que nos llevaría de regreso a casa. Miré por la ventana, pero solo había una alfombra infinita de nubes blancas cubriendo el océano Atlántico.
Fueron un año y dos meses viajando. Parecía una eternidad y, al mismo tiempo, un abrir y cerrar de ojos.
Miré mi brazo izquierdo, descansando en el reposabrazos de cuero del asiento. Donde antes solo había un reloj de oro y diamantes, ahora había una colección colorida de