ELIZABETH WINTER
El aterrizaje en el Aeropuerto Charles de Gaulle fue como un suspiro largo y elegante. Dejamos atrás la humedad tropical de Asia y fuimos recibidos por el abrazo fresco y gris de Europa. El cielo de París tenía una tonalidad de plomo y perla, y el aire, cuando salimos de la terminal, era seco, frío y olía a lluvia inminente y a combustible de avión.
— Bonjour, París. — murmuró Alex a mi lado mientras esperábamos a nuestro chofer. Se arregló el cuello del abrigo, protegiéndose d