ELIZABETH WINTER
Alex abrió el agua y el vapor comenzó a subir instantáneamente, empañando los espejos.
Nos desnudamos y la ropa de viaje cayó al suelo, olvidada.
Entramos bajo el chorro de agua. La temperatura era perfecta, lo suficientemente caliente como para relajar los músculos tensos del vuelo, pero no como para quemar.
Alex tomó un frasco de jabón líquido de una marca francesa famosa. El olor era cítrico y amaderado. Vertió una cantidad generosa en la palma de su mano y comenzó a enjabon