ELIZABETH WINTER
La mañana de la partida amaneció con un cielo gris en Nueva York, pero para mí, parecía que el sol estaba brillando a la medianoche. Mi cuerpo estaba hecho de pura euforia.
Nuestras maletas estaban listas. Alex había sido metódico con la suya: rollitos de ropa, organizadores, botiquín de primeros auxilios. La mía... bueno, tuve que sentarme encima para poder cerrar el cierre, y tuve que sacrificar tres pares de tacones a favor de unos tenis para caminar.
Leah estaba al volante