STELLA HARPER
La casa estaba en silencio cuando abrí la puerta. Un silencio casi sospechoso, considerando que normalmente tenía a dos niños llenos de energía corriendo por allí la mayor parte del tiempo. Cerré la puerta despacio detrás de mí, colgué el bolso en el perchero del recibidor y me quedé unos segundos solo escuchando.
Nada.
Ninguna carrera, ningún juguete tirado en el suelo, ninguna carcajada resonando desde otra habitación.
Fruncí el ceño, me quité los zapatos junto a la puerta y emp