DAMIAN WINTER
El día siguiente amaneció gris. Estaba en Winter rodeado de pilas de informes, pantallas de tablets y el ordenador encendido mostrando números y gráficos; la sala parecía respirar la misma disciplina rígida que exigía a todos los que trabajaban allí.
Me recosté en la silla, masajeándome las sienes. El beso de Stella seguía rondándome en los momentos más inoportunos, irritándome conmigo mismo por la distracción. Me regañaba internamente para tener paciencia, porque la vería esa tar