STELLA HARPER
El sonido de sus risas llenó la sala desde temprano. Orion y Apollo habían apilado todos los cojines del sofá y saltaban como si estuvieran en un trampolín improvisado. En la televisión daban unos dibujos animados, pero los ignoraban en favor del juego que se habían inventado.
Pero yo no podía sonreír.
Desde la madrugada, aquel mensaje me pesaba en la cabeza. Y sabía que no podía guardarme eso sola.
Alexander estaba en la cocina, organizando las tazas en el armario nuevo como si y