Nicholas permaneció de pie en el umbral de la puerta.
Su mirada no se apartaba del expediente que Livia sostenía entre las manos. El rostro del hombre había perdido la serenidad que siempre había logrado mantener.
Livia esperó.
Ya estaba demasiado cansada de aceptar verdades a medias.
—Quiero escuchar todo —dijo en voz baja, pero con firmeza—. No más secretos.
Nicholas cerró lentamente la puerta del despacho.
—¿Qué has leído? —preguntó con la voz ronca.
Livia soltó una breve risa. Una r