Livia no durmió aquella noche.
Permaneció sentada al borde de la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero. La lámpara de la habitación apenas dejaba una tenue iluminación que hacía que el ambiente se sintiera aún más silencioso.
Su mente no dejaba de repetir la conversación con Nicholas.
—Lo hice para protegerlos.
—Ahora no puedo explicártelo.
—Confía en mí.
Livia cerró los ojos. Jamás imaginó que tendría que enfrentarse a una realidad como la que tenía delante en ese momento.
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