La lluvia seguía cayendo sin descanso.
Las gotas golpeaban el asfalto con un ritmo que casi ahogaba todos los sonidos de la ciudad.
Un automóvil negro avanzaba en silencio, manteniendo cierta distancia del convoy de vehículos que se dirigía hacia una casa segura en las afueras de la ciudad.
Detrás de los cristales oscuros, una figura cuyo rostro permanecía oculto entre las sombras observaba cada movimiento desde la distancia.
Su mirada no se apartaba ni un instante del convoy.
Serena.
Pa