La habitación volvió a quedar envuelta en un profundo silencio.
Ya no había más discusiones.
Ya no quedaban voces elevadas.
Solo permanecían cuatro personas que comprendían que la decisión que acababa de tomarse cambiaría sus vidas para siempre.
Livia permanecía de pie junto a la mesa.
Su mirada seguía fija en Damian.
Él continuaba a unos cuantos pasos de ella, con el rostro desprovisto de toda la firmeza que siempre lo había caracterizado.
Por primera vez en su vida, Damian Sinclair se