Mundo ficciónIniciar sesiónEl despacho era una tumba de roble oscuro y olor a pergamino viejo, un espacio diseñado para irradiar la autoridad absoluta del linaje Montoya. Estaba sentado detrás del escritorio, el hombro herido palpitando con un calor sordo y persistente que se negaba a ceder. La carpeta de cuero del ático yacía abierta frente a mí, pero la tinta parecía nadar contra la página. Cada vez que cerraba los ojos, sentía







