PUNTO DE VISTA DE ALEJANDRO
Las sanadoras se habían ido. Emilia se había marchado cerca de medianoche, prometiendo regresar antes del amanecer, y Petronila había cubierto el pequeño brasero en el rincón antes de salir con una última mirada al pecho de Sofía para confirmar que seguía subiendo y bajando. Cosme había dejado una taza de caldo enfriándose sobre la mesita, intacta desde hacía horas porque los labios de Sofía no se habían entreabierto para ella.
Me senté solo con ella ahora.
La silla