PUNTO DE VISTA DE ALEJANDRO
La silla que me dieron era demasiado pequeña.
Me senté en el borde de todas formas, inclinado hacia adelante con la muñeca de Sofía atrapada entre mis dedos, buscando el aleteo tenue y obstinado de su pulso. Emilia se movía alrededor del catre con manos rápidas y precisas, levantando los párpados de Sofía, presionando dos dedos bajo su mandíbula, apoyando la palma plana contra el esternón de Sofía para contar el subir y bajar de su pecho.
—¿Y bien? —dije.
—Deme un mo