ADAM
Mi madre me lanzó una mirada venenosa luego de entrar a la biblioteca.
—¿Qué? —gruñí.
—¿Cuál es el plan?, no puedes solo servirte siempre con sexo.
Me dejé caer en la silla giratoria.
—Ella me pone feliz ¿Qué quieres que haga?
Puso los ojos en blanco.
—Quiero que pongas las cosas en su lugar.
Tomé su pluma fuente y acaricié las plumillas.
—Acabamos de pasar por algo terrible, ¿no puedes darme un respiro?
Enjutó los ojos.
—Es eso o le temes al compromiso.
Apreté los dientes.
—¿De eso hablar