—Nayara ya está durmiendo—, anunció Aarón a la mujer que apenas había movido los ojos.
Amber pareció despertar de sus sueños. — ¿Mi hija está durmiendo?— respondió tontamente Amber, que estaba sentada a la mesa.
Aarón se acercó a ella lentamente. No quería inmiscuirse en sus pensamientos aun cuando ella tenía tanto que explicarle.
—Amber, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Sí, Aarón, dime—. Amber se levantó, tratando de evitar lo que tenía que responder le gustara o no.
Tal vez, lo q